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Il centro storico de Barcellona, il quartiere della Ribera, il passeig del born, un piccolo corso alberato che unisce l'antico mercato con la basilica di Santa Maria del Mar. Attualmente è una zona più nota per i bari e le terrazze, ...di solito rumorose...
A oggigiorno i lampioni della città fanno una tonalità gialla ma non sempre è stato così. Da sempre i lamponi erano stati bianchi; per me, una luce fredda, per niente accogliente. Fu nel mezzo dei 90' che il Comune iniziò a sustituire il bianco per il giallo. Le motivazioni non furono ecologiche né ornamentali, sebbene qualche gruppo ecologista facesse delle pressioni per il cambiamento. La ragione fu redurre la spesa nella bolletta elettrica; è già una buona ragione.
A me piace di più quest'ambientazione gialla.
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...I és que la llum nocturna a la ciutat de Barcelona havia estat tradicionalment blanca. Els fanals feien llum blanca. Jo havia vist que a d'altres ciutats la il·luminació era més aviat taronja o groga, ...i m'agradava més. A principis dels 90, alguns carrers de l'Eixample començaren a adoptar llums ataronjades; eren més ecològiques. Però a Ciutat Vella es ressistien a fer el canvi. Fins i tot vaig escriure a l'Ajuntament mostrant-los el meu parer, donant les raons ecològiques però també el fet que en un barri antic la llum groga o ataronjada anava més en sintonia amb aquells carrers estrets que no la il·luminació blanca, típica dels fluorescents i ambients d'oficina... Ni cas;... una resposta, això sí, sempre responen: "Barcelona compleix amb la normativa europea de contaminació lumínica i mínims exigits i tal i tal..." Però si jo no posava en dubte això!! Amb el temps, ara ja tot és ataronjat.
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Hoy las luces... Las luces de las farolas, en Barcelona, son de tonalidad entre amarilla y naranja, pero no siempre ha sido así. Tradicionalmente fueron blancas; no sé si en otras ciudades también, pero ya desde bien pequeño, en los años 70, veía que otras ciudades españolas tenían una iluminación más bien anaranjada. Barcelona era blanca...
En la primera mitad de los 90, recuerdo que Greenpeace lanzó una campaña para cambiar la iluminación en las ciudades - un cambio en las bombillas, que utilizaban un gas en vez de otro - de cara a consumir menos. Estas nuevas bombillas darían una tonalidad anaranjada. Barcelona introdujo el cambio, al principio en el Eixample. En mi barrio no; increíble... Increíble para mí, claro, que anhelaba que mis calles dejaran de tener la frialdad del blanco y tuvieran la calidez del amarillo. Incluso escribí al Ayuntamiento, no solo por las razones ecológicas sino porque a mí me parecía que un barrio antiguo de callecitas estrechas estaba más acorde con una luz amarillenta que con un ambiente frío y de oficina... Hubo respuesta a mi carta; algo así como que Barcelona cumplía las exigencias de iluminación de las ciudades europeas y que no había zonas insuficientemente iluminadas... Yo no la había puesto en duda; hubiera preferido que me contestaran que gracias por la sugerencia aunque no hubieran hecho nada al respecto, que no lo hicieron. Fue muchos años después que paulativamente también el Casco Antiguo se fue amarillando.
PODI-.