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giovedì 15 ottobre 2009

El Buscón - Francisco de Quevedo



Corría junio de este año que hallabame yo mismo por los madriles y teniendo que ingerir para poder subsistir dimos el grupo que allí hallábamosnos con un pintoresco y, más o menos, económico lugar donde comidas servían y acto seguido se consumían: El Buscón, muy próximo al lugar donde las carreteras españolas comienzan, del mismo modo que así lo hacen o hicieron los más de los años pasados a través de la televisión.

Tanto gustóme el lugar y tan agradecido el estómago quedó que, sabiendo yo que el nombre de dicho establecimiento de un título literario provenía, me comprometí a mí mismo leer dicha obra por ver si el tal renombre alcanzado a lo largo de los siglos le era realmente merecedor.



Pues nombre sí tenía, que cada año en "literatura" me hacían aprender título y autor asociados, quedando en mi mente grabados dichos datos como algo realmente importante en la literatura española.



Pues entre café soleado y café cubierto he ido avanzando en la historia que en ese título asociado a su autor se iba relatando. No dudo yo que para 1626 fuera digno de ser leído, que no digo que sea indigno para 2009, pero quizás para 2009 más oferta pudiera encontrar en consonancia con mis gustos literarios, que sin ser de fácil definición sí los conozco yo, por lo menos lo suficiente como para concluir que llegados a la página 154 de 185 queda ahí mismo finalizada la lectura de las aventuras del pícaro Pablos, de cómo se las hacía venir para administrarse la ración de comida diaria que le era menester, de cómo para poder albergarse a buen cubierto, de cómo... Y todo con la gracia que tiene el poder arreglar cada cosa sin soltar moneda alguna.

Pues vaya,... Y es que me hubiera gustado que me hubiera gustado.

podi-.

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